Columna de Opinión | Tatuaje v/s Trabajo

Por Paloma Herrera

Colegio Vedruna de San Felipe

Me fui a hacer un tatuaje el otro día. Con mis dieciocho recién cumplidos, quería hacer valer el trato hecho con mi papá unos años atrás. “Haz lo que quieras con tu cuerpo cuando seas mayor de edad”.  Pero no crean que la decisión fue fácil de tomar. El lugar, el diseño, el tamaño, era un completo lío. Sobre todo la interrogante que no salía de mi cabeza: Si se veía ¿interferirá cuando ingresara al mundo laboral?

No es un secreto que los tatuajes son cada vez más populares y que personas de todas las edades sucumben a la aguja.  El mercado de los tatuajes se ha ampliado considerablemente en el último siglo, llegando al punto de hacernos creer que, tal vez, ya no son tema tabú. Sin embargo, aún podemos observar cierta reticencia cada vez que alguien con tatuajes desea ingresar a algún empleo.  No podemos negar que todo entra por los ojos. Nuestra imagen nos representa y al momento de buscar un trabajo, el empleador podrá deducir por nuestra apariencia como somos.  Por  lo que lucir un tatuaje puede ser determinante.

Dependiendo del puesto de trabajo al que optemos, el arte corporal podrá bien, ser aceptado o rechazado. Si lo que buscamos es ingresar a un puesto público, que implique relacionarse con clientes, claramente un tatuaje visible será perjudicial.  Esto debido a que aún existe un porcentaje de personas que califican los tatuajes como símbolo de “poca seriedad o profesionalidad”.

 Y no nos olvidemos del “código de vestimenta”.  Manoseado argumento que la mayoría de las empresas utilizan para no contratar gente con tatuajes visibles.

En respuesta a la negativa de contratar gente con tatuajes, varios países han creado publicidades y campañas con el fin de romper con la idea que se ha sembrado sobre los tatuajes.  En España, el fotógrafo  Óscar Quetglas con la colaboración del  tatuador José Juan Real, creo un proyecto llamado #lasaparienciasengañan, que bajo el título “¿Cuál es la diferencia?” difunde en las redes sociales imágenes de profesionales tapando sus tatuajes y dejándolos a la vista. Esta idea me impulso a decidir libremente donde hacer mi tatuaje.  Ya que como dijo Barrie Gross, un consultor de recursos humanos de San Francisco, “Si quieren atraer y retener talentos, las empresas tendrán que superar los estereotipos negativos del arte corporal”.

Si yo tengo un tatuaje no me vuelvo mágicamente una persona irresponsable, rebelde o poco sería. Por lo que juzgar a alguien y la forma de desempeñar su trabajo en base a tatuajes, no tiene lógica.

Por ejemplo, cuando vamos a un doctor ¿Qué esperamos? Que haga bien su trabajo y nos trate correctamente.  ¿Nos importa si tiene tatuajes? No, porque vamos  por un servicio y si nos sentimos satisfechos, nada más importa.

 Además del significado religioso, amoroso, espirtual, etc, que pueda tener el tatuaje para uno,  no significa y no tiene que significar algo para el resto. No te define como persona.

Así que, ¿Qué preferimos? ¿Una persona con tatuajes y un buen desempeño laboral o una, sin tatuajes e ineficiente que no hace bien su pega?